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Los pueblos más antiguos de España: descubre su historia

Los pueblos más antiguos de España

Los pueblos más antiguos de España: descubre su historia a través de ciudades y pequeñas localidades cuyos orígenes se remontan a fenicios, tartesios, romanos y los primeros siglos medievales.

Determinar cuál es exactamente el pueblo más antiguo de España no resulta tan sencillo como ordenar varias fechas en una lista. Algunos lugares tuvieron asentamientos prehistóricos anteriores a la creación de una ciudad, otros fueron fundados como colonias y en determinados casos no está completamente demostrada una ocupación continuada durante todos los siglos. Por eso, más que buscar un ganador absoluto, merece la pena recorrer aquellas poblaciones donde la historia se acumula literalmente bajo las calles actuales.

Cádiz, candidata a ciudad más antigua de Occidente

Cádiz aparece inevitablemente cuando se habla de las ciudades más antiguas de España. La tradición clásica situaba la fundación de Gadir por navegantes fenicios procedentes de Tiro alrededor del 1100 a. C., aunque la investigación histórica moderna maneja una cronología más prudente, aproximadamente en torno al siglo IX u VIII a. C.

Su ubicación no era casual. La antigua Gadir se encontraba en un archipiélago situado junto a las rutas comerciales que comunicaban el Mediterráneo con el Atlántico.

Fenicios, cartagineses y romanos dejaron sucesivamente su huella. Bajo dominio romano se convirtió en Gades, una ciudad próspera relacionada con el comercio marítimo.

Lo sorprendente de Cádiz es que miles de años después continúa ocupando aquel espacio estratégico frente al océano. Visitar su casco histórico significa caminar sobre numerosas capas de una misma ciudad.

Huelva y el misterio de Tartessos

Huelva es otra de las grandes candidatas cuando intentamos localizar los núcleos urbanos más antiguos de la península.

Su entorno presenta evidencias de presencia humana desde épocas muy anteriores a los fenicios y estuvo estrechamente relacionado con Tartessos, una de las culturas más fascinantes de la protohistoria peninsular. La arqueología onubense permite seguir después la presencia de fenicios, romanos y civilizaciones posteriores.

La riqueza mineral de la zona y la cercanía de los ríos Tinto y Odiel favorecieron que este territorio se integrara muy pronto en redes comerciales de larga distancia.

Uno de los aspectos más curiosos de Huelva es que buena parte de su pasado permanece bajo la ciudad moderna. Excavaciones y obras urbanas han ido sacando a la luz estructuras prerromanas y romanas, mostrando hasta qué punto la población actual se levanta sobre asentamientos mucho más antiguos.

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Almuñécar, la antigua Sexi fenicia

En la costa de Granada encontramos otra localidad con un pasado sorprendentemente remoto.

Los fenicios establecieron en este territorio un importante enclave que terminaría siendo conocido como Sexi. Las necrópolis de Laurita y Puente de Noy conservan testimonios de aquel pasado fenicio-púnico y se remontan aproximadamente al siglo VIII a. C.

Su posición en el Mediterráneo hizo de Almuñécar un lugar ideal para el comercio marítimo y para actividades relacionadas con la pesca y la conservación de alimentos.

Más tarde llegaron los romanos, que desarrollaron notablemente el asentamiento. De aquella época sobreviven restos arqueológicos que recuerdan la importancia alcanzada por la ciudad.

La actual Almuñécar es conocida principalmente como destino turístico de la Costa Tropical, pero su origen está separado de los hoteles y las playas modernas por casi tres milenios de historia.

Adra y la antigua Abdera

Otro nombre menos conocido fuera de Andalucía es Adra, en la provincia de Almería.

La antigua Abdera fue una fundación fenicia cuyo origen se sitúa en torno al siglo VIII a. C. El yacimiento del Cerro de Montecristo conserva restos relacionados con esa primera población y con las posteriores etapas púnica y romana.

Su historia estuvo profundamente vinculada al mar.

Durante la época romana, esta parte de la costa adquirió importancia por productos pesqueros y conservas que podían comercializarse por el Mediterráneo. Las monedas antiguas relacionadas con Abdera incluso utilizaron representaciones de peces, reflejo de una economía estrechamente conectada con el entorno marítimo.

Adra demuestra que algunos de los asentamientos históricos más interesantes de España no son necesariamente los que reciben más visitantes.

Málaga nació mirando al Mediterráneo

La Málaga actual, con su intensa actividad turística y cultural, también posee raíces muy antiguas.

La presencia fenicia en la costa malagueña se remonta al primer milenio antes de nuestra era. El núcleo conocido como Malaka se desarrolló alrededor del área que actualmente ocupan la Alcazaba, la Catedral y las calles próximas, con un asentamiento urbano que las fuentes municipales sitúan aproximadamente hacia el siglo VII a. C.

El propio nombre de Málaga conserva la memoria de aquel pasado.

Posteriormente, cartagineses y romanos aprovecharon su posición portuaria. Bajo Roma, la ciudad continuó creciendo y dejó monumentos que todavía forman parte del paisaje urbano.

Resulta difícil imaginar una demostración más clara de continuidad histórica que contemplar el teatro romano al pie de la Alcazaba, rodeado por una ciudad completamente contemporánea.

Sevilla tiene raíces anteriores a la Hispalis romana

Sevilla suele asociarse al Imperio romano, a Al-Ándalus y posteriormente a su extraordinario papel en el comercio con América. Sin embargo, su historia comenzó mucho antes.

Las excavaciones realizadas en distintos puntos de la ciudad han documentado niveles correspondientes a épocas tartésicas y romanas, junto a posteriores estructuras visigodas e islámicas.

La situación junto al Guadalquivir convirtió el lugar en un enclave natural para el intercambio comercial.

Con Roma surgiría la conocida Hispalis, mientras que durante el periodo andalusí la ciudad se convirtió en Isbiliya.

Pocas poblaciones españolas permiten seguir con tanta claridad una sucesión de civilizaciones diferentes dentro de un mismo espacio urbano.

Esa mezcla explica también por qué Sevilla posee un patrimonio tan diverso: cada época adaptó, sustituyó o reutilizó construcciones anteriores.

Ibiza también comenzó con los fenicios

Ibiza puede resultar inesperada en una lista de poblaciones antiguas porque su imagen internacional está mucho más vinculada al turismo contemporáneo.

Sin embargo, su pasado fenicio es extraordinario.

A finales del siglo VII a. C., los fenicios se instalaron en el entorno de Puig de Vila y fundaron un establecimiento en la bahía de Ibiza. La necrópolis de Puig des Molins constituye uno de los grandes testimonios conservados de aquella época.

Antes se había desarrollado el asentamiento fenicio de Sa Caleta, fundamental para comprender las primeras fases de la presencia fenicia en la isla.

Su posición estratégica permitía conectar rutas marítimas del Mediterráneo occidental.

Cartagineses, romanos y musulmanes continuarían después escribiendo nuevos capítulos sobre aquella primera población.

Detrás de las murallas de Dalt Vila y de la Ibiza moderna existe, por tanto, una historia urbana de más de dos milenios y medio.

Cartagena, una ciudad fundada para controlar el Mediterráneo

Cartagena es algo más reciente que los grandes enclaves fenicios anteriores, pero sigue formando parte de las ciudades históricas esenciales de España.

El general cartaginés Asdrúbal fundó Qart Hadasht hacia el 227 a. C., sobre un territorio donde ya existían asentamientos anteriores.

Su emplazamiento era excepcional: un puerto natural protegido y una posición estratégica en el sureste peninsular.

Roma comprendió inmediatamente su valor. Después de conquistarla durante la Segunda Guerra Púnica, la convirtió en Carthago Nova, que terminó siendo una de las ciudades importantes de Hispania.

El teatro romano, las estructuras púnicas y otros restos arqueológicos permiten contemplar todavía ese pasado.

Cartagena es un buen ejemplo de cómo una decisión geográfica tomada hace más de dos mil años sigue influyendo sobre la función de una ciudad moderna.

Brañosera es un caso completamente diferente

Si en lugar de preguntar por el asentamiento urbano más antiguo buscamos el pueblo asociado al origen del municipalismo español, aparece un nombre muy diferente: Brañosera, en Palencia.

En el año 824, el conde Munio Núñez otorgó a sus habitantes una Carta Puebla conocida como el Fuero de Brañosera. Está considerada tradicionalmente la primera Carta Puebla de España y ha convertido a esta pequeña localidad de la Montaña Palentina en referencia histórica del municipalismo.

Naturalmente, esto no significa que Brañosera sea anterior a Cádiz o a los asentamientos fenicios.

Son categorías distintas.

Cádiz puede aspirar al título de una de las ciudades con origen urbano más antiguo, mientras que Brañosera destaca por la antigüedad de su organización municipal documentada.

Precisamente esta diferencia ayuda a entender por qué aparecen respuestas aparentemente contradictorias cuando se busca cuál es el pueblo más antiguo de España.

Qué significa realmente ser el pueblo más antiguo

No existe una única definición.

Podemos preguntar cuál tiene los restos humanos más antiguos, cuál fue primero una verdadera ciudad, cuál conserva una ocupación continuada o cuál dispone de la documentación municipal más antigua.

Cada pregunta puede ofrecer una respuesta diferente.

Además, la arqueología cambia nuestra visión del pasado. Una excavación realizada bajo un edificio actual puede descubrir niveles anteriores a los conocidos y obligar a revisar la cronología de una población.

Incluso Cádiz ofrece un buen ejemplo: la tradición hablaba de una fundación en 1100 a. C., mientras que la investigación moderna sitúa los testimonios arqueológicos conocidos varios siglos después.

Por eso resulta más riguroso hablar de algunas de las poblaciones más antiguas de España que establecer una clasificación absoluta.

Por qué tantas poblaciones antiguas están en el sur y junto al mar

Al observar Cádiz, Málaga, Almuñécar, Adra o Ibiza aparece un patrón evidente.

Muchas de las poblaciones urbanas más antiguas se encuentran cerca del Mediterráneo o de grandes rutas marítimas.

No es una casualidad.

Fenicios y otros pueblos navegantes buscaban puertos protegidos, materias primas, acceso a rutas comerciales y lugares desde los que intercambiar productos con las poblaciones locales.

El litoral andaluz y las islas Baleares ofrecían excelentes condiciones para ello.

Después, romanos y civilizaciones posteriores aprovecharon buena parte de aquellos mismos emplazamientos. Una ciudad con buen puerto, tierras productivas o acceso a una ruta comercial seguía siendo estratégica siglos después.

Por eso algunos de esos lugares nunca dejaron de atraer población.

Un viaje por casi tres mil años de historia

Recorrer estas localidades permite comprobar que la historia española no empezó con los romanos ni con los reinos medievales.

Mucho antes, fenicios y pueblos peninsulares ya comerciaban, construían asentamientos y conectaban las costas ibéricas con otros territorios del Mediterráneo.

Cádiz, Huelva, Málaga, Almuñécar, Adra, Sevilla e Ibiza conservan diferentes piezas de ese pasado remoto, mientras que lugares como Cartagena muestran la posterior expansión cartaginesa y romana. Brañosera representa otra etapa completamente diferente: el nacimiento de formas de organización local documentadas durante la Edad Media.

Quizá lo más interesante no sea decidir cuál merece definitivamente el título de “pueblo más antiguo”. Lo verdaderamente extraordinario es que, después de tantos siglos, muchos de aquellos lugares continúan habitados y formando parte de la vida cotidiana de España, mientras bajo sus calles siguen apareciendo fragmentos de quienes vivieron allí mucho antes que nosotros.

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